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De historias viejas y cuadernos por empezar.

De viejas historias y cuadernos por empezar
Cuando le preguntaron a Saul Bellow cómo se sentía tras haber ganado el premio Nobel, éste contestó: “no lo sé. Aún no escribí sobre eso”:

El día termina. El sol corre a su escondrijo como si nadie reparara en él. ¡Qué astuto viejo amigo!

Tu almohada te arropa la cara y suaviza la caída de la forma más mágica. Así, el día nuevo se hace viejo y se convierte en una historia más.

No una cualquiera, sino una historia nueva que llena páginas desnudas en tu cuaderno.

Nos acostumbramos a dejar que se escriban solas.

Tantas…, siempre…. que como estúpidos humanos racionales acabamos perdiendo el interés por todo aquello que afortunadamente tenemos la oportunidad de hacer todos los días.

De pequeño tuve una profesora que nos contaba que ella leía los libros del revés. Aquella mujer disfrutaba leyendo el final del libro y una vez sabía el desenlace, empezaba por la página primera. No llegaba a comprenderlo del todo. No entendía qué podía llevar a alguien a cometer semejante pecado.

Tiempo después comprendí aquella costumbre. Y es que a día de hoy me atrevería a decir que lo bonito e interesante no es el final, sino el proceso por el cual se llega a ese punto. El tiempo durante el cual se desarrolla la historia; se escriben los sucesos y se inmortalizan los momentos.

El que se considere un amante de la lectura estará de acuerdo conmigo. Aunque no somos del todo conscientes, todos pensamos en mayor o menor medida del mismo modo. Y sino, ¿qué explicación tiene esa sensación de angustia que le sobreviene a uno cuando se acerca el final del libro que lleva devorando la última semana? ¿Si es el final aquello que tanto ansias, de dónde proviene esa sensación? ¿No alargaríais un poco más la historia? Tan sólo un poco. Yo a veces pienso: “venga, unas cuantas vueltas más a la trama y me conformo. Aún puedo esperar un poco más”.

Y es que escribir historias está en nuestra naturaleza humana.

De pequeños, cuando aún no somos capaces de escribir nuestras propias historias, mamá o papá nos las cuentan. Así, protegido bajo tus mantas favoritas te adentras en otro sueño.

Allí somos libres. Nos despojamos de toda racionalidad y vivimos lo que nos negamos a plena luz del día. Así es el hombre. Comedido de día y salvaje de noche.

En cualquier caso, a todos nos llega el día en que dejamos de ser aquel niño inocente, puro e incapaz de escribir historias. En pos de nuestro proceso de madurez, nos volvemos curiosos, ambiciosos y nos empeñamos en escribir historias repletas de sueños que están por cumplir. Son aquellos sueños que cada noche llaman a la puerta de nuestra conciencia y piden permiso para salir a la realidad.

Unas veces, éstos se cumplirán. Otras no lo harán. Pero la historia siempre quedará escrita hasta que deje de existir la última persona que te recuerde. En tu mano está ser el autor o uno más de los personajes que mueren en el transcurso.

Puedes contarnos la historia en primera persona o simplemente dejar que, cuando llegue la noche, se escriba sola hasta que la página vuelva a quedar en blanco y una nueva ocupe su lugar con ese tan excitante “érase una vez” como cabecera.

Para nosotros termina una vieja pero que se siente nueva.

Para mí puede que termine la que será La Historia de mi vida.

Con nuestro cuaderno llegamos al final y con el último punto daremos el pistoletazo de salida para escribir una nueva historia.

Escribiremos la historia de dos personas nuevas.

Escribiremos el cuento de dos vidas que empiezan. Otra vez.

Contaremos el relato de una sola vida con tantos principios como nosotros deseemos.

Porque esa es la magia de las historias, que cada noche una acaba y empieza otra nueva.

Tú puedes simplemente cerrar los ojos y abandonarte mientras llega la mejor parte esperando el final o, simplemente, dejar que sean ellos quienes pongan el punto y final.

Sobre Fosters MK

Fosters MK
"De todo aquello de lo que no hablas. De todo aquello que no cuentas por no entrar en sentimentalismos". A.M.

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